Mis pechos se agitan

ADVERTENCIA:

Este relato corto contiene escenas de sexo y de violencia, si eres menor de edad debes deterner tu lectura en este momento. En caso contrario, declino toda responsabilidad.

MIS PECHOS SE AGITAN.

Mis pechos se agitan. Me encanta la sensación de tenerlos al aire y notar la brisa rozar mis pezones. Cada vez más húmeda no puedo parar de frotarme. La cortina ondea mientras oigo el chabaleo reír a pocos metros. Tengo ganas de jadear, de gritar. Me muerdo el labio. Masturbarme al estilo voyeur es lo más. La posibilidad de ser descubierta me pone a mil.

El tanga acariciando mi ano mientras mi mano danza por mi clítoris. Los pellizcos en los pechos. El culo en pompa. Ya. ¡Ya!. Sólo me falta tu manubrio. Todo mojado. Mis músculos se relajan. Mi corazón palpita rápido. Siento la boca seca, necesito agua.

Me arreglo un poco el pelo. Un pantaloncito corto, una camiseta de tirantes y mis zapatillas de deporte. ¡Qué gustazo me he marcado! A la vista de todos y nadie se ha dado cuenta. Aún relamiéndome los labios abro la puerta de la habitación.

Unos pasos corren por el pasillo. ¡Mierda! ¿Me habrán pillado? Es excitante la idea, pero ¡por favor! que no sea ni papá ni mamá. Me paro un momento a reflexionar y recuerdo que ambos están trabajando, los lunes llegan tarde. ¿Entonces? ¡Javier! Pero ¿este no estaba en clase de música?

Bueno, quizás no se ha dado cuenta. Derechita a la cocina y disimulando. Abro el armario de los vasos y me sirvo uno grande de agua bien fría. Necesito bajar el calor que desprende mi cuerpo. Además, me ha entrado mucha hambre. Me dispongo a prepararme un bocadillo de jamón cuando Javier entra por la puerta.

          ¡Hola hermanita! – me sonríe muy amablemente.

          ¿Y a ti qué te pasa? ¿No deberías estar en clase de música? – cojo el cuchillo y abro el pan.

          Si. Pero estoy malo. – se toca la barriga mientras hace un gesto teatralizado.

Este se ha vuelto a escabullir. A ver cuándo le cuenta a mamá que no le gusta el solfeo. Yo sigo a lo mío. Terminado el bocadillo lo cojo con una mano mientras con la otra bebo más agua.

          ¿Te lo has pasado bien? – y me mira con una sonrisa casi diabólica.

          ¿Cómo? – Bocadillo y agua caen al suelo – ¿De qué me hablas Javier?

          Ya sabes. De tu danza. ¡Jajaja!

          Como les cuentes algo a papá y a mamá te mato.

          ¿Qué me vas a dar a cambio de guardarte el secreto?

          ¡Dos hostias! – mi cara se enrojece mientras aprieto los dientes – Si sueltas prenda…

          Uy, uy. Qué miedo. – su tono de sorna me cala.

¡ Plas ! Sin pensarlo le clavo una bofetada en la cara dejándole los dedos de la mano marcados en la mejilla.

          ¡Yo ya no soy un niño! – grita entre lágrimas.

          ¡Pues no te comportes como tal! – me doy media vuelta mientras apuntillo ya más relajada– Así que ya sabes. ¡Ni mú!

Javier, inseguro, coge el cuchillo y me lo enfila.

          ¡Trátame como a un adulto! ¡Me tienes harto! ¡Te voy a matar!

Me doy la vuelta. Horrorizada esquivo lo que podía haber sido la cadena perpetua de mi hermano. Mi corazón late con fuerza. Mis ojos buscan. Le lanzo el frutero contra la espalda. Se gira realizando un movimiento rápido y ágil. Sigue con el cuchillo amenazante. Vuelvo a buscar. El servilletero me sirve de espada. Dispongo mi cuerpo en posición de esgrima. Estoy lista para el combate. De un golpe me zafa mi arma. ¡Maldición! Cojo una silla y se la empotro en el pecho. Agita su brazo intentando alcanzarme con el cuchillo.

          ¡Eres una zorra! ¡Te gustaría follarte a todo el vecindario! – grita dirigiendo su cabeza a la ventana – ¡Mi hermana os quiere follar! ¡Es una puta!

Me enfurece muchísimo. Ya no lo soporto más. Le doy un puñetazo con toda mi rabia en su nariz. Cae al suelo. Se hace el silencio. Mis nudillos se inflan y siento un dolor insufrible. Un hilo de sangre mancha el suelo. Horror, ¡mi hermano! ¿Qué he hecho?

Participación Taller de Escritura nº14. Móntame una escena: secreto.

Febrero 2014.

www.literautas.com

Anuncios

Mi primer tesoro de 2014.

Apuré el paso al escuchar las doce campanadas. Tenía mucho trabajo acumulado. A mis compañeros no les gustaba ir a la plaza del pueblo tal día como hoy, fin de año. Había mucha gente y lo más probable es que te pisaran, ¡au! y eso dolía, mucho. Pero a mi me encantaba pasearme y mirar cómo iban vestidas las mujeres, ver como los hombres cuchicheaban entre ellos sobre lo guapa que venía tal o cual.

Esa noche me traía una recompensa para casa, oro puro. Pesaba como un demonio, pero debía apresurarme para que nadie me lo robara. Era un bien muy preciado y codiciado por mis competidores. Por desgracia era tan grande que no me lo podía esconder. Lo llevaba cargado a la espalda.

Debía cargarlo solo 500 metros, pero para mi eran como 5 kilómetros. Por el camino me encontré con François. Nada más verme se le pusieron los ojos como platos. ¡Maldición! Me iba a quitar mi perla. Aceleré mi paso, pero habría necesitado cien pies para poder dejarlo atrás. El barullo no me dejaba ir más rápido, mi corazón iba a mil. “Corre, corre… por tu madre reina, corre”. François se acercaba amenazante con una sonrisa triunfal, el tesoro iba a ser suyo.

Nadie alrededor se estaba percatando de mi gran problema, parecía invisible. Si pudiera sudar estaría empapado. Necesitaba un milagro, milagro que llegó con nombre inglés: Johnny. Llegó babeando, con su paso lento y marcado, moviendo las caderas como sólo él sabe hacerlo. Su tamaño y anchura de espalda fue lo que frenó a François que salió pitando subiéndose al primer naranjo que encontró.

Johnny se reía de forma patosa. Le encantaba asustar a François. Aunque hubieran echado una carrera y François solo pudiera correr con una pata, Johnny no le habría alcanzado nunca. Era la presencia de Johnny lo que le amedrentaba, y, sobretodo, los prejuicios de sus orígenes.

Andaba yo relajado, pensando que llegaría tranquilo a casa, que podría enseñar a todo el mundo lo que tenía, cuando… ¡Jhonny! Se dio cuenta de lo que llevaba. Las babas se multiplicaron, su lengua intentaba recogerlas sin mucho éxito. ¡Ay! ¡Otra vez! “Corre, corre… por tu madre reina, corre”. El pesado paso de John me daba un poco de ventaja, pero estaba claro que dado su tamaño cada paso que él daba equivalían a 50 de los míos. ¡Puf!

Ya sólo me quedaban 200 metros para llegar a casa. ¡Muy poco! Pero este maldito de John me iba a fastidiar mi primer triunfo de 2014. Notaba su aliento en mi pompis, empezaba a empaparme con sus babas, su nariz no dejaba de olisquearme como un chucho cualquiera. Madre mía, siempre me tenían que chafar todos mis triunfos. Y esta vez iba a ser el gracioso de John.

Si. Me lo quitó.

Por culpa de ese maldito gato siamés que había llamado la atención del perezoso bulldog inglés no pude llevar hasta el hormiguero el grano de uva amarilla. Empecé el año mal, muy mal.

Participación Taller de Escritura nº14. Móntame una escena: doce campanadas.

Enero 2014.

www.literautas.com